SOLANA SIERRA, LA GUERRERA ARGENTINA QUE SORTEA OBSTÁCULOS Y EL REFLEJO DE UNA GENERACIÓN QUE ILUSIONA

Wimbledon

SOLANA SIERRA, LA GUERRERA ARGENTINA QUE SORTEA OBSTÁCULOS Y EL REFLEJO DE UNA GENERACIÓN QUE ILUSIONA

El origen de la marplatense que se posicionó en Wimbledon e hizo historia

Solana Sierra es fruto glorioso de un deporte solitario y está nuevamente en boca de todos por sus hazañas en tierras anglosajonas. Su papá es sanjuanino y su mamá tandilense, pero por algún capricho del destino la tenista nació en la misma ciudad que Guillermo Vilas y en el mismo año en el que Paola Suarez y Patricia Tarabini consiguieron la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Es amante de los perros y dueña de un revés a dos manos letal, se crió en el barrio Perla Norte a cuatro Kilómetros del emblemático edificio costero Havanna, a pocas cuadras del centro de La Feliz. A los tres años ya sorprendía por su capacidad motriz, así fue cómo arrancó a entrenar con la exjugadora, Betina Fulco, en el Club Teléfonos. De chiquita hizo danza y se destacó en natación, aunque eligió la raqueta para encaminar sus sueños y reescribir los textos dorados del tenis femenino.

Años después de mucho trabajo y pasión, llegó a ser número uno del país en la categoría Sub 12, llegando a jugar nacionales y campeonatos sudamericanos con buenos resultados. A los catorce años, consiguió su primer punto WTA a la misma edad que Gabriela Sabatini, convalidando hasta ahora un dato alentador de cara al futuro. Aunque no fue fácil, esto le implicó tener que balancear el tenis con los estudios a distancia. Lejos de relajarse, a los diecisiete, estuvo entre las mejores siete del mundo en categoría Junior, accedió a las semifinales del US Open 2021 y a la final del Roland Garros Junior 2022. En ese entonces, la capitana del seleccionado femenino, Mercedes Paz, la convocó para hacer su debut en la gira por Salinas, en la que ganó todos sus partidos de forma contundente.

Con esos resultados sorprendió a todos y apuró su paso al profesionalismo, ahora solo le faltaba una prueba de fuego que la catapulte a los más alto. Esta temporada arrancó a entrenar en la academia de Nadal, en Mallorca, España que la ayudó a cambiar de chip competitivo. Se coronó en el WTA 125 de Antalya 3 y se dió el gusto de meterse en el cuadro de Roland Garros tras superar la clasificación. Recientemente, venció a la española Cristina Bucsa 7-5, 1-6, 6-1, por la tercera ronda y es la primera lucky loser en llegar a octavos en Wimbledon. Así se posiciona hoy como referente argentino por el título y el faro a muchas chicas que se ilusionan con el tenis. Con 21 años, y una carrera en pie, logró cortar el maleficio. Desde 2009 ninguna tenista argentina había podido pasar la tercera ronda del torneo inglés, la última había sido Gisela Dulko. Luego de la hazaña, declaró que cada triunfo involucra cambiar de departamento, como si de cábala se tratara. Ya está en el ranking 77 y aspira seguir peleando para algún día conquistar los Grand Slams y enseñarle al mundo la paciencia inquebrantable que la caracteriza. 

Sin embargo, el buen presente de Sierra no es casualidad, ya que detrás hay un gran incentivo por parte de la Asociación Argentina de Tenis en promover el deporte en todo el país. Con el presidente Agustin Calleri a la cabeza lograron alcanzar un récord de catorce torneos en el 2024 con un enfoque federal y de expansión a todas las regiones para que el talento de las chicas brote con más posibilidades sin requerir un costo extra en viajes. El buen momento generó que tres jugadoras se encuentren dentro del top 100, algo que no ocurría hacía 18 años. El crecimiento fue tal que en la temporada pasada culminó con seis títulos del Women ‘s World Tennis Tour ITF, cuatro de ellos en territorio albiceleste. Entre ellos se encuentran el W50 de Tucuman, los W35 de Buenos Aires y el pasado octubre pisó suelo pilarense tras quedarse con el W35 de Los Lagartos y el W50 del Mayling. Sin dudas nuestra guerrera marplatense es el reflejo de una generación, una tenista profesional con un pasado que merece ser contado y un futuro que ilusiona.