Desde la primera aparición frente a Suiza por Copa Davis en 1923, la Argentina ha disputado a lo largo de la historia un total de 165 series. Enfrentó a más de 50 países en distintas categorías, formatos y llegó a cinco finales, con un solo título en 2016. A pesar de haber jugado en distintas canchas y continentes, hay una superficie que particularmente repitió poco más de 6 veces, con un saldo negativo, el verde césped.
Hay varias teorías, principalmente porque el argentino se cría en polvo de ladrillo, en el que predominan los peloteos con alta intensidad, los golpes lifteados con topspin y las pelotas que pican alto, dificultando el ataque hacia adelante. Este patrón es similar al de Rafael Nadal, con el uso de empuñaduras western o semi. – western se hacía indestructible, pero que si dudas su talón de Aquiles fue la aceleración en pelotas con ángulos cortos.
En contraste el pique de la pelota en el césped es lento debido a la fricción de la superficie, lo que favorece un juego basado en golpes planos y lineales. Esto exige un alto uso del tren inferior, con un centro de gravedad más alto y en constante movimiento. Un caso notable es el de Roger Federer, quien se adaptaba con mayor facilidad al césped gracias a su empuñadura Eastern, que le permitía tomar la pelota más temprano, acortar los cambios de dirección. Aprovechando la cancha más veloz del circuito, una adaptación que se refleja en sus 8 títulos de Wimbledon, récord histórico masculino.





